Ecología de la zona

El vivero se encuentra dentro de la eco-región del Chaco seco (sub región Chaco Arido), delimitándose al Este con el Chaco Serrano, que es una subdivisión de la provincia Chaqueña que ocupa los primeros encadenamientos montañosos de las Sierras subandinas y Pampeanas, en sus partes bajas de faldeos y quebradas. Pocos kilómetros hacia el sur encontramos el límite con la eco-región del espinal. Esta zona de transición, denominada ECOTONO, contiene elementos de las eco-regiones chaco árido, chaco serrano y espinal, y algunos de la eco-región del monte , que se extiende hacia el oeste de la provincia se San Luis.
“El Chaco Seco comprende una vasta planicie que presenta una suave pendiente hacia el este y se extiende sobre la mitad occidental de Formosa y Chacho, la oriental de Salta, casi todo Santiago del Estero, norte de Santa Fe y Córdoba, y sectores de Catamarca, La Rioja y San Luis. La llanura presenta ocasionales interrupciones serranas, localizadas principalmente en el sur.

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Como toda llanura chaqueña, el Chaco Seco es el resultado del relleno sedimentario de la gran fosa tectónica chaco-pampeana. Junto a los aportes eólicos de tipo loéssico, ocurren importantes procesos de origen aluvial y fluvial, vinculados al gran aporte de materiales provenientes del sector montañoso andino. Allí nacen y se organizan las cuencas hidrográficas de los ríos Bermejo, Pilcomayo, Juramento y Dulce, que recorren el Chaco Seco sin recibir en él nuevos aportes hídricos. Asimismo existen amplios sectores ocupados por salinas.
El clima es continental, cálido subtropical, con áreas que presentan las máximas temperaturas absolutas del continente: La temperatura media anual varía de norte a sur desde 23° hasta cerca de los 18°. Las precipitaciones varían entre 500 y 700 mm anuales, son marcadamente estivales, disminuyendo en forma acentuada hacia el límite con la eco-región del Monte, en el sudoeste. En otros sectores alcanzan los 800mm, como son los casos de la llamada “Dorsal Agrícola” de la Provincia de Chaco y del “Umbral al Chaco” en la Provincia de Salta. En la mitad norte de la eco-región se encuentran suelos más o menos evolucionados, ricos en nutrientes minerales y de textura media fina, mientras que hacia el centro y sudoeste predominan suelos arenosos con bajo contenido de materia orgánica. La salinidad está casi siempre presente a alguna profundidad del suelo y a veces se manifiesta desde la superficie. En razón de las variaciones climáticas y geomorfológicas se identifican las siguientes subregiones: a) Chaco de Derrames Fluviales; b) Chaco Semiárido; c) Chaco Árido; d) Chaco Subhúmedo y e) Chaco Serrano.
El tipo de vegetación característica es el bosque xerófilo, cuyos árboles se vuelven más bajos y ralos hacia el Chaco Árido, del suroeste de la eco-región. También abundan según zonas y subregiones, bosques serranos, sabanas y pastizales. Las zonas más altas, dentro del relieve llano, poseen bosques xerófilos (quebrachales) de quebracho colorado santiagueño quebracho blanco, con mistol, itín, yuchán, brea, varias cactáceas, duraznillo y arbustos del género Acacia (tusca, teatín) y Capparis (sacha-membrillo, sacha-sandía). En algunas áreas bajas, la salinidad y las restricciones en el drenaje condicionan la composición florística, dando lugar a comunidades de palo santo (los palosantales), algarrobos y chañar y, en los salares, a vegetación con predominio de especies halófitas. Los bosques alternan con pastizales (“pampas”) de aibe, asociados a antiguos cauces” colmatados. (Tomado de Observatorio nacional de Biodiversidad)

“El Chaco Seco contiene una gran diversidad faunística, aunque muchos de sus componentes han sufrido una fuerte reducción en sus poblaciones, provocada por la intervención antrópica. Los principales factores con los que el hombre ha amenazado y amenaza a la conservación de la fauna de la región son: la reducción y la fragmentación de hábitat, especialmente en las zonas aptas para la agricultura, y la caza, principalmente de algunos mamíferos mayores.
Entre los mamíferos que habitan la región, se destaca sin dudas el yaguareté (Panthera onca), aunque su situación es bastante crítica (tanto en el Chaco como en otras regiones), debido a la fuerte fragmentación que experimentó su hábitat y a la presión de caza que sufrió y sufre por parte de los pobladores. Aunque fuera del país habita zonas más húmedas, en la Argentina el tatú carreta (Priodontes maximus) es exclusivo del Chaco Seco. Se trata del mayor de los armadillos vivientes con unos 150 ó 160 cm de longitud total. Es muy perseguido por el hombre, ya sea como curiosidad o como alimento, por lo que nunca se lo encuentra cerca de poblados. Su densidad poblacional es muy baja y, por ello, es una especie raramente vista. Como el resto de los armadillos (el Chaco Seco es la región con mayor diversidad de este grupo) es de hábito crepuscular o nocturno, y con sus uñas delanteras cava cuevas en donde se refugia en caso de agresión.
Están presentes tres especies de pecaríes o chanchos salvajes: el labiado (Tayassu pecari), el de collar (T. tajacu) y el quimilero (Catagonus wagneri), de mayor tamaño y el único endémico de la región. Con respecto a este último, su estado de conservación es precario por su escaso tamaño poblacional y porque es preferido por los cazadores sobre los otros pecaríes. Si bien los pobladores de la región lo identificaban claramente como una especie diferente, la “ciencia moderna” lo descubrió recién en 1975. Debe su nombre a su costumbre de alimentarse de los frutos del quimil (Opuntia quimilo), una cactácea común en la región.
El guanaco (Lama guanicoe) actualmente sólo cuenta con relictos poblacionales en la periferia de la región (Salinas Grandes y Sierra de las Quijadas), pero en el pasado contaba con una distribución más amplia dentro del Chaco Seco. La enorme retracción que ha sufrido se debería, principalmente, a la presión de caza que recibió por parte de los pobladores (fundamentalmente sobre sus crías o “chulengos” para consumo) y a la reducción de las superficies abiertas de pastizal, que eran su hábitat más propicio. Los mismos motivos habrían afectado a la raza norteña del venado de las pampas (Ozotoceros bezoarticus leucogaster), que contaba con poblaciones en distintas localidades de la región y, actualmente, se encuentra en inminente riesgo de extinción en el país (ver el artículo de Pautasso en este volumen). El oso hormiguero (Myrmecophaga tridactyla), especie amenazada y emblema de la conservación en el país, se encuentra en el Parque Nacional Copo, uno de sus refugios.
Una gran diversidad de aves habita los bosques y los pastizales del Chaco Seco; entre las más características de la región están la martineta chaqueña (Eudromia formosa), la chuña de patas negras (Chunga burmeisteri), el carpintero negro (Dryocopus schulzi), el hornerito copetón (Furnarius cristatus), la viudita chaqueña (Kinipolegus striaticeps) y el soldadito común (Lophospingus pusillus).
Entre los reptiles, se encuentran bien representados los grupos de los iguánidos y los lagartos. Entre los ofidios se destacan la lampalagua (Constrictor constrictor) y la yarará (Bothrops sp). Habitan la región numerosos anfibios que combaten de distintas maneras la escasez de agua; por ejemplo, algunos la encuentran en los huecos de la vegetación y otros se entierran en pequeños charcos temporarios.
Son comunes las colonias de insectos sociales como las termitas y las hormigas (Atta sp., Acromyrmex sp.), que en algunas zonas son consideradas como las principales consumidoras de vegetación, aunque también las hay granívoras y predadoras.
El Chaco Árido ocupa el sudoeste de la región: el este de Catamarca y La Rioja, el norte de San Luis, el noroeste de Córdoba y el sudoeste de Santiago del Estero. Está prácticamente rodeado por sierras, lo que le confiere características particulares ya que, al actuar como barrera, restringe fuertemente las precipitaciones en esta subregión. Las cuencas que se forman son autóctonas y endorreicas (no desagotan agua fuera de la región), y la evapotranspiración es superior al aporte de agua. Esto origina un fuerte proceso de evaporación, que saliniza los suelos y llega a formar salinas. De hecho, las Salinas Grandes, que ocupan 8.400 km2 en Catamarca, Córdoba, La Rioja y Santiago del Estero, son las mayores del país. La salinidad de los suelos condiciona la vegetación y, según las condiciones particulares, se encuentran distintos tipos de arbustales, muchas veces dominados por el jume (Suaeda sp. y Allenrolfea sp.), con presencia de elementos más típicos de la ecorregión del Monte, tales como las jarillas (Larrea sp.). En los suelos altos menos salinos aparece el bosque xerófilo característico de la región, incluso con el quebracho colorado Santiagueño.
El Chaco Serrano forma la mayor parte del límite oeste de la región, que en este tramo limita con las Yungas y el Monte, y ocupa sectores de las provincias de Salta, Tucumán, Catamarca, La Rioja, San Luis y Córdoba. Está formado por elementos de las Sierras Pampeanas y las áreas más bajas de las Sierras Subandinas. En el extremo occidental del Chaco Semiárido las sierras constituyen una barrera orográfica para los vientos húmedos del este, lo que provoca mayores precipitaciones en las laderas orientales y climas más secos hacia el oeste. Este factor y la variación térmica asociada a la altura establecen particulares condiciones climáticas que determinan el desarrollo de la vegetación. En general, el bosque serrano está dominado por el horco-quebracho (Schinopsis hanckeana), junto con el molle de beber (Lithrea molleoides), especialmente en el sur, y por gran cantidad de cactáceas y leguminosas espinosas en el norte. En el estrato arbustivo y herbáceo aparecen varias especies de otros distritos biogeográficos. A mayor altitud, el bosque es reemplazado por pastizales o estepas graminosas con predominio de especies de los géneros Stipa y Festuca. El mismo juega, posiblemente, un rol importante en la conectividad norte-sur entre los distintos sectores de Yungas.” (tomado de Torrella, S. y J. Adámoli 2006).

“El Chaco Serrano encaja como una cuña entre el Chaco Seco u occidental y las Yungas y en otros sectores con el Monte y el Espinal y a pesar de su amplia extensión latitudinal la superficie cubierta es muy acotada pues se desarrolla preferentemente en los faldeos orientales que reciben los últimos vientos húmedos del Atlántico, llegando en algunas quebradas profundas y encajonadas a tener una densidad arbórea y de epífitas que recuerda claramente a los entornos yungueños, formación selvática del noroeste con la que evidentemente guarda estrecho contacto compartiendo algunas especies vegetales y animales que así se animan, hasta hoy en día, a llegar a provincias como Córdoba o San Luis muy lejos del límite austral de aquellas selvas. Se calcula que su desarrollo en altura no pasa de los 1.800 m s.n.m. aunque existe una clara sucesión de comunidades desde los bosques basales hasta los matorrales o pastizales de altura que es discutible incluir en esta formación o ecorregión. De norte a sur podemos decir que esta formación vegetal se vuelve mas evidente en provincias como Córdoba, San Luis, San Juan y Santiago del Estero dado que en ellas es probablemente el bosque más biodiverso y si se quiere, más próximo a una selva más allá de sus componentes claramente de origen chaqueño que lo emparentan con esa gran formación biogeográfica. En las provincias del norte su presencia se diluye ante la magnificencia de la vecina selva tucumano-oranense, nuboselva o Yungas que es la que en su riqueza paisajística y su alta biodiversidad lo opaca sin querer. De allí que casi no se hable en la literatura de esa formación que quedó injustamente postergada y que sin dudas debe tener diferencias en sus comunidades vegetales que merecerían mayor atención y estudio.
En contraste, especialmente en Córdoba, el Chaco Serrano ha sido ampliamente estudiado por botánicos como Kurtz en 1904, más tarde por Parodi en 1942 y hacia fines del siglo XX por ecólogos vegetales como Ricardo Luti, Eduardo Gómez Molina y Marcelo Cabido, por solo citar algunos de sus referentes más importantes.
El típico bosque del Chaco Serrano lo componen el molle de beber o molle blanco que segrega en sus hojas una resina cáustica por lo cual la gente comenta que el árbol “flecha” a quien pasa cerca y especialmente al hachero que lo tale. Incluso la erupción cutánea que produce es conocida como “sarna del molle”. Es un arbolito de hojas brillantes y de un género que curiosamente reaparece en los fachinales del sur de Misiones donde se lo conoce como chichita y donde se cuenta la misma historia en versión femenina. El único modo de librarse de ese efecto, es saludarlo al pasar o pedirle disculpas por cortarlo.

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Ladera de Orco quebrachos en Las Tapias (Córdoba) y de Molle de Beber en San Luis

Otro árbol que cuenta con más especies en las selvas del norte argentino es el coco, cocucho o cochucho, muchos creen equivocadamente que la famosa localidad del valle de Punilla, Los Cocos, es por una especie de palmera que prestada desde el Espinal se mezcla en ciertas zonas con esta formación, pero en realidad el nombre hace referencia a este árbol que se ahueca de un modo característico y que tiene aguijones en los tallos y las hojas.
Acompañan a estos dos árboles bien característicos el manzano del campo o sacha-manzana, el tala serrano, el molle serrano, el piquillín montano, el abreboca o piquillín del loro y elementos prestados por el Chaco Seco como el peje o quebracho flojo, el tintitaco o “espinillo”, el churqui (como aquí se llama al popular espinillo), el atamisque, la tusca, varias cactáceas, el cedrón del monte, y algunas populares aromáticas como la peperina, sin olvidarnos de numerosas herbáceas y lorantáceas parásitas conocidas como ligas o muérdagos de diferentes géneros. Entre las piedras son comunes los cojines de bromelíaceas o chaguares como los de los géneros Dyckia y Deuterocohnia.
Pero sin dudas el elemento que representa a los bosques más maduros de Chaco Serrano y probablemente los más espectaculares, aunque naturalmente no crecían en toda su área de distribución, sino en ciertas laderas y quebradas, estando hoy muy modificados por la tala son los que se consideran la comunidad climáxica o principal de esta formación. Nos referimos al horco-quebracho, también denominado orco-quebracho, y más popularmente con el nombre de quebracho colorado. Efectivamente diferentes especies del género Schinopsis que reúne a los “quebrachos colorados” distinguen al Chaco Húmedo u oriental, al Chaco Seco u occidental y al Chaco Serrano, faltando en el Chaco Árido.
A todos se los denomina por igual quebrachos colorados pero deberíamos recuperar este nombre mestizo de horco-quebracho, mitad quichua, mitad criollo, que quiere decir “quebracho del cerro”. Por lo general no llega a tanta altura como sus parientes y además de diferencias en sus hojas, son llamativos sus troncos retorcidos.
En ciertos sectores como la ladera oriental de la Sierra del Velasco en La Rioja, y en las provincias del noroeste, el Chaco Serrano incorpora una especie que tiene bastante difusión en las calles de la Ciudad de Buenos Aires como árbol de sombra y que es conocido como arca, visco, o viscote y que es una leguminosa alta del género Acacia que por lo general reúne a especies pequeñas o bajas.

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Ladera con Orco-quebracho en Las tapias (dique nivelador)

Otra especie con una distribución similar es el yuchán, o palo borracho de flor amarilla, que últimamente se ha propuesto considerar la misma especie que el de flor rosada (criterio que no compartimos) y que con su tronco en forma de botella revista las laderas del Chaco Serrano en Catamarca y otras provincias del noroeste, mezclado con una especie de cardón (Trichocereus terschekii). Este tipo de bosque tiene en su fauna influencia yungueña y otros admiten cierta influencia de la Prepuna, quizá inducidos por la presencia de los cardones pero recordamos que es una especie diferente a la que predomina en esa ecorregión.
A veces, ciertos bosques de timbó o de cebil o curupay también se consideran un ecotono de las Yungas con el Chaco Serrano pero es difícil establecerlo por el alto grado de transformación.
En Córdoba, Cabrera propone dos comunidades que son los bosques de Tabaquillo y los pastizales de gramíneas de los géneros Stipa y Festuca como propios de esta ecorregión o distrito pero para nosotros se trata más bien de islas de los Altos Andes, otra ecorregión que trataremos por separado.

polylepis-1 pastizalesBosquecito de Polylepis australis (Tabaquillo) y pastizales de altura en sierra Comechingones

Más discutible es un piso que al trepar por las sierras grandes aparece inmediatamente por encima de los bosques antes referidos y es el del romerillo o romerillo de la sierra (Heterotalmanus alienus) y que forma densos arbustales en una especie de ecotono con los pastizales de altura y en consecuencia podemos incluirlos como el piso superior del Chaco Serrano o una comunidad más de esa curiosa isla altoandina que es la Pampa de Achala y zona de influencia en Córdoba.

En los valles y quebradas, pero por lo general nunca lejos de caminos o establecimientos humanos se dan bosquecillos ribereños del molle, pimiento o Aguaribay, un árbol de grueso tronco que tiende a ahuercarse y hermoso follaje caedizo y que es tan característico que cuesta creer que no haya estado siempre ahí formando una comunidad característica. Según parece este árbol que los incas se encargaron de difundir desde el Perú por todo el incanato y al que llamaban “mulli”, y que lo consideraban sagrado, además de un sabroso condimento, llegó a estas zonas en tiempos muy remotos sin desmerecer el tráfico de plantines que haya existido ya en épocas de la conquista y colonización ya que precisamente por Córdoba pasaba la ruta que unía Buenos Aires con Lima en tiempos del Virreinato.
En cuanto a la fauna, cuesta encontrar en esta ecorregión especies exclusivas, máxime si quitamos el centro de endemismos de la Pampa de Achala por su origen Altoandino.
Entre las aves que llegan a Córdoba gracias a la existencia de estos bosques, podemos citar al Esparvero Variado, en el pasado el Calancate Cara Roja, el Picaflor Enano, el Piojito Pardo, el Fiofío Plomizo, la Mosqueta Ceja Blanca, el Burlisto Copetón, el Tuquito Rayado, el Birro Común, el Anambé Grande, el Zorzalito Boreal, el Zorzal Cabeza Negra conocido localmente como “mandioca marinera”, y hasta hace pocos años, el Zorzal Chiguanco que ahora está en plena expansión usando arboledas exóticas por el oeste y parte de la Patagonia, el Arañero Corona Rojiza, el amenazado por los tramperos y colorido Rey del Bosque y el Sietevestidos Serrano que es probablemente una de las aves más fieles a este ambiente. En otras provincias, como San Juan son muy numerosas las especies hasta ahora conocidas en ese territorio provincial solo en la ladera oriental de la Sierra de Valle Fértil en coincidencia con los bosques de Chaco Serrano y lo mismo pasa en las Sierras del Velasco en La Rioja con varias especies que estudió en detalle el ornitólogo Manuel Nores, repitiéndose el patrón en la Sierra de Guasayán en Santiago del Estero. Es decir, el Chaco Serrano actúa como un corredor hacia el sur y hacia el sudoeste de muchas especies de origen yungueño o incluso chaqueñas, que están ya en el borde de su geonemia como podría ser en San Juan el caso del Carpintero Lomo Blanco o la Viudita Chaqueña por citar dos ejemplos. Tampoco debemos olvidar especies como el Carpintero Negro que tiene en los bosques del Chaco Serrano una de sus poblaciones principales y aunque su área de distribución incluye el Chaco en toda su extensión, se presenta en un curioso patrón de parches, faltando en zonas intermedias por razones que no están claras.
Desde ya que en los otros grupos animales se repite un patrón parecido pero que no ha sido todavía bien clarificado.” (tomado de Chebez y Gaspari, 2011).

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Sietevestidos Serrano. Foto gentileza COA Chiguanco

“El bosque Serrano se ubica entre los 700 y 1200 msnm, preferentemente en valles y quebradas húmedas protegidas de los vientos, con predominio de sustrato rocoso y gravillosos. Se encuentra en las quebradas con exposición sur, sudeste, sudoeste y Norte, fundamentalmente con pendientes desde 20º a 50º. Generalmente es un bosque abierto donde la especie dominante es el molle de beber (Lithaea ternifolia); en las quebradas y en los bordes de cursos de agua se desarrolla una vegetación de porte arbóreo, como Fagara coco, Celtis tala y ocasionalmente Prosopis nigra.
El estrato arbustivo acompañante se encuentra representado por especies espinosas como Eupatorium viscidum, Acacia caven, Flourencia oolepis, Aloysia gratísima, Colletia spinosissima, Eupatorium bunifolium, Heterothalamus alienus.

flourensiaLadera de Flourensia oolepis (Chilca) en Villa Larca (Altos del Condor)

El estrato herbáceo acompañante se encuentra conformado por Lepechinia floribunda, Bidens subalternans, Bidens pilosa, Festuca sp., Stipa ichui, Tagetes minuta, Dichondra microcalix, Anemia sp., Cestrum parqui, Dyckia sp., Cheilantes sp., Zinnia peruviana, Baccharis articulata, Capsicum chacoense, Vemonia nudiflora, Opuntia chaquensis y Blackstonia perfoliata. La roca superficial se encuentra cubierta por líquenes crustáceos y en los intersticios rocosos son comunes Filicates, Cheilanthes sp. y Anemia sp. entre otros.

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Lepechinia floribunda y Salvia gilliesii (salvia blanca y azul) dos arbustos aromáticos de nuestras sierras

Estructuralmente se presenta como un bosque cerrado triestratificado en la distribución altitudinal inferior y media y como un bosque abierto triestratificado en el rango altitudinal superior. En general es un bosque sobremaduro dominado casi exclusivamente por Lithraea ternifolia. Se comporta como una comunidad climáxica con una dinámica propia en su rango altitudinal óptimo. Es un bosque cerrado con árboles de un fuste importante y con solapamiento de cobertura entre los ejemplares que lo integran. 

El bosque de Polylepis australis habita casi con exclusividad en los faldeos que descienden desde las altas planicies hacia el oeste que ofrecen ambientes más protegidos.
En cuanto al arbustal, es un tipo de vegetación que se localiza aproximadamente entre los 800 y 1500 msnm, llamado comúnmente romerillal, ocupa lomas y laderas muy ventosas y húmedas, con exposiciones Norte, Sur, Este y Oeste y con pendientes de 20º a 45º. Su nombre proviene de la dominancia de dos especies arbustivas: Eupatorium bunnifolium y Heterothalamus alienus, el sustrato donde están las raíces de las plantas, está compuesto por un sedimento gravilloso mezclado con grandes trozos de rocas. Estructuralmente se presenta como un arbustal biestratificado con ocasionales especies arbóreas. El estrato arbustivo comprende A. Caven, F. Oolepis, E. Buniifolium, A. Gratísima, H. Alienus, Schinus fasciculatus, Maytenus spinosa, Condalia microphylla, Colletia spinosissima y Lippia turbinata.

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Heterothalamus alienus (Romerillo)

El estrato herbáceo acompañante está constituido por B. Subalternans, festuca sp., Z. Peruviana, S. Ichu, T. Minuta, Dickya sp., V. Nudiflora, C. Dactylon, B. Pilosa, B. Articulata, Gomphrena pulchella, Cheilanthes sp., D. Microcalyx, Shkuria pinnata, Cyperus callanenesis, Pelloe s., Setaria verticillata, Solanum elaegnifolium, O. Chaquensis, Salvia sp. y Echinopsis sp. El arbustal se comporta como una comunidad de transición hacia el pastizal de altura.
Los pastizales de altura se extienden por las planicies elevadas, cumbres y faldeos desde los 1200 metros llegando, en algunos casos a superar los 2000 metros con exposición Oeste y Norte. Se presenta como un monoestrato. Están constituidos por gramíneas de mediano porte que forma extensos pajonales, las especies más comunes son Festuca hieronyni, Stipa tricótoma, S. Filiculmis, Sorghastrum pellitum, Paspalum dilatatum, Aritida mendocina, Bromus sp., Wedelia buphthalmiflora, H. Alienus, E. Buniifolium, Monnina dyctiocarpa, B. Subalternans, Achyrocline satureioides, Bothriochloa springfieldii, Anemia sp., B. Articulata, B. Gillessi, S. Geniculata, Echinopsis sp, Pellaea sp., Chloris sp, D. Microcalyx, Oxalis sp., Margycapus pinnatus. Se puede decir que es una comunidad climáxica, homogénea con sectores degradados pos pastoreo y por efectos del fuego. Los lugareños introducen gran cantidad de ganado, produciendo el sobrepastoreo de los campos. Como consecuencia, algunas especies invasoras no útiles al ganado, comienzan a aumentar su población: son ellas las pajas (Stipa brachychaeta, S. Eriostachya, Festuca hieronymi) que desmejoran aún más los campos. Posteriormente se procede a incendiar estos pastizales, para que los animales aprovechen los rebrotes. Con el fuego sucumben también especies leñosas (árboles y arbustos). Esto trae aparejada la falta de cobertura del suelo, el que sufre una gran erosión en las lluvias estivales.
Las comunidades vegetales descriptas han sufrido notorios cambios a partir del avance de la urbanización y las diferentes explotaciones de los recursos forestales, entre otros factores. Según el ingeniero Mario Nicoletti uno de los principales problemas que se ha registrado en los últimos años es la disminución en superficie y densidad del mollar. Las plantas que hoy permanecen son viejas, y la capacidad de resiembra es casi nula, debido a los incendios principalmente. Los incendios generados por los productores de ganado bovino y caprino que queman el pastizal. Otro inconveniente es la tala de especies arbóreas especialmente para calefacción para hornos de ladrillo y panaderías. Con respecto a las hierbas medicinales, existe veda total para la recolección, pero esta continúa. Las especies con mayor presión son el calaguala, cola de quirquincho, genciana, mastuerzo. (tomado de F.I.C.E.S. – U.N.S.L. 2002).

Situación ambiental de la Ecorregión del Chaco Seco Una historia de explotación y degradación ambiental (tomado de Torrella, S. y J. Adámoli 2006)

La extracción forestal y la ganadería vacuna y caprina practicadas en el Chaco Semiárido tuvieron y tienen un gran impacto en la estructura del paisaje. El sobrepastoreo en los parches de pastizales naturales ya descriptos alteró la relación entre las especies leñosas y las herbáceas. La acción del ganado provoca una pérdida de la habilidad competitiva de las herbáceas y favorece a las leñosas, que avanzan sobre los pastizales hasta convertirlos en arbustales si no hay remoción o fuego. Esto ha llevado al ganado a pastorear dentro de los bosques, lo que ha modificado fuertemente también su estructura y composición específica. El estrato herbáceo dentro del bosque ha sido prácticamente eliminado; esto ha dado lugar a una invasión de arbustos y árboles bajos que lo vuelven mucho más cerrado y espinoso. Muchas de estas especies ven favorecida su germinación al pasar por el tracto digestivo del ganado, que también actúa como dispersante. La baja receptividad de los campos se mantiene en forma similar a la de hace cincuenta años atrás, lo que sugiere que la presión de pastoreo alcanzó un equilibrio
con el bajísimo potencial forrajero.

La explotación forestal se practicó históricamente como una extracción minera y no como el aprovechamiento
sustentable de un recurso renovable. Esto llevó a que las especies más buscadas vieran diezmadas sus poblaciones y que llegaran muchas veces al límite de la extinción comercial, que difiere de la extinción biológica porque en ella la especie está presente, pero no en diámetros ni en volúmenes comercializables.

Una de las especies más afectadas tanto por la explotación forestal como por la ganadería es el quebracho colorado santiagueño. Por la dureza de su madera fue una de las primeras especies en ser explotadas comercialmente, al punto de que en vastas extensiones perdió su carácter de dominante en el bosque, y han quedado prácticamente sólo sus “tocones” muertos en el piso. Además, la renovación de sus poblaciones se ve afectada por la ganadería en distintos aspectos: sus renovales son preferidos por el ganado por sobre otras especies leñosas; sus ejemplares jóvenes son deformados por el ramoneo; y el mantillo de hojarasca que naturalmente actúa favoreciendo su germinación es eliminado.

La extracción forestal se centró, en un principio, en individuos de gran fuste para postes y durmientes, lo que implicaba una extracción selectiva de individuos adultos y sanos. Más adelante se fue diversificando mucho, y se fue explotando fuertemente el algarrobo para la fabricación de muebles y muchas otras especies para la producción de carbón. Esto llevó a una menor selectividad en cuanto al tamaño de los individuos a extraer, por lo que se eliminaron también individuos jóvenes, lo que comprometió la sustentabilidad del proceso.

Esta intervención en el paisaje dio como resultado grandes extensiones de una variedad de formaciones leñosas secundarias (bosques secundarios, arbustales, fachinales) con prácticamente sólo el quebracho blanco en su estrato superior (cuando éste existe) y un estrato inferior muchas veces cerrado y espinoso que, según las condiciones del suelo, del clima y de su historia de manejo, está compuesto por distintas asociaciones de especies favorecidas por la intervención del ganado y/o el hachero como el algarrobo negro (Prosopis nigra), el blanco (P. alba), el itín (P. kuntzei), característico por carecer prácticamente de hojas, el vinal (P. ruscifolia), con espinas de hasta 30 cm, o el chañar (Geoffroea decorticans), de muy singular corteza que se “deshoja” y deja a la vista su tronco verde. También se encuentran en abundancia las acacias como el espinillo (Acacia caven), el garabato (A. praecox), la tusca (A. aroma) y otros pequeños árboles o arbustos del género Capparis.

Es importante la presencia de las cactáceas en estas formaciones secundarias; el quimil es una de las más conspicuas (Opuntia quimilo), cuyos tallos modificados semejan grandes hojas; el cardón (Cereus coryne) y el ucle (C. validus) presentan una fisonomía de tipo “candelabro”. Las tres especies son arborescentes y pueden alcanzar varios metros de altura. Particularmente, el quimil es muy utilizado por los locales como alimento o como “cerco vivo” en los corrales pequeños, gracias a sus fuertes espinas; su fruto, la “tuna”, es preparado como arrope y también es muy buscado por la fauna. También se encuentran variedades cultivadas que carecen de espinas.

En el Chaco Árido y en el Serrano, la escasa cobertura vegetal del suelo (acentuada por los malos manejos del ganado, la extracción forestal o la agricultura) hace que la erosión hídrica y eólica se conviertan en uno de los principales factores de degradación del ambiente, y que así se produzcan voladuras y carcavamiento en los suelos de algunas zonas.

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Dia despues de un incendio en el valle en Carpintería- San Luis

Un nuevo escenario

Un factor que ha aparecido en la región en los últimos años, y con gran intensidad en los límites oriental y occidental del Chaco Semiárido, donde se dan las mayores precipitaciones, es el avance de la agricultura. En la región existe desde principios del siglo XX un importante núcleo agrícola, fundamentalmente algodonero, localizado en el oeste de la provincia de Chaco, en torno a las localidades de Sáenz Peña y Charata. Un aumento relativo de las precipitaciones, combinado con nuevas tecnologías como la siembra directa, ha posibilitado un importante avance de la frontera agrícola sobre zonas tradicionalmente ganaderas y/o forestales del Chaco Semiárido. Este avance
es, sin dudas, el proceso de mayor impacto sobre el paisaje y la mayor amenaza para la conservación de la biodiversidad de la región en la actualidad. Se da sobre la base del desmonte de grandes extensiones de bosques y, al hacerse sin una regulación o un plan ambiental de manejo, implica la pérdida y la fragmentación de ambientes y hábitat, lo que pone en peligro la conservación de la biodiversidad y la sustentabilidad del proceso (el avance de la frontera agrícola se analiza en detalle en los artículos de Adámoli, y Gasparri y Grau, en este volumen).

Conservación y áreas protegidas

Los ambientes que se ven más comprometidos por el avance de la agricultura son los bosques que se encuentran sobre tierras altas y reciben mayores precipitaciones. Estos son los quebrachales de tres quebrachos ubicados al este de la región, en el deslinde entre el Chaco Seco y el Chaco Húmedo, y también en los bosques de la transición del Chaco con las Yungas, en el este salteño. Ambos ambientes se encuentran ya en la actualidad fuertemente fragmentados y no están representados en el sistema de áreas protegidas.
La zona de los tres quebrachos concentra gran parte de la agricultura de la región; el valor que tomaron las tierras a partir de la expansión actual y el alto grado de fragmentación de los bosques hacen que sea muy difícil pensar en superficies continuas importantes para la conservación. Por estos motivos, una medida posible sería la formación de un archipiélago de pequeñas unidades de conservación, adecuadamente protegidas y con cierta conectividad. Para ello se necesitaría que los gobiernos provinciales implementasen de inmediato un programa de ordenamiento territorial que regule los desmontes y planifique el uso de la tierra a nivel regional o subregional.

Tampoco hay unidades de conservación en el Chaco salteño: el Parque Nacional El Rey no ocupa una superficie significativa dentro del Chaco. La reserva conocida como “Lotes 32 y 33”, si bien también se encuentra en el límite del Chaco con las Yungas, ha sido recientemente vendida por el gobierno provincial, lo que muestra claramente la falta de interés en una efectiva política de conservación de muchos gobiernos provinciales. Afortunadamente, la sociedad argentina se moviliza con éxito para recuperar este patrimonio natural y evitar este lamentable precedente (ver Cruz et al. en este volumen).

Las principales unidades de conservación con un grado aceptable de implementación en el Chaco Semiárido se encuentran concentradas entre las localidades de Los Pirpintos (Parque Nacional Copo) y Laguna Yema (Reserva de Biosfera Riacho Teuquito). La Reserva Natural Laguna de Mar Chiquita, en Córdoba, tiene una importancia estratégica para la conservación de las aves acuáticas de la región y de muchas especies migratorias que la visitan en sus viajes. En el resto del Chaco Semiárido existe un gran vacío en el que importantes ecosistemas quedan sin protección.

En el Chaco Árido, en la reserva del Monte de las Barrancas, en las Salinas Grandes, el guanaco encuentra uno de sus últimos refugios dentro de la región. En el Chaco Serrano, las principales unidades de conservación son el Parque Nacional Quebrada del Condorito y su lindante Reserva Provincial Pampa de Achala, que contienen una importante diversidad faunística, de la que se destaca la presencia del cóndor andino (Vultur gryphus), que tiene allí su límite oriental de nidificación. También persisten importantes superficies del Chaco Serrano en muy buen estado de conservación en las provincias de Tucumán, Salta y Jujuy.

“Desde el punto de vista de la conservación, así como en el noroeste está desdibujada la presencia de esta ecorregión, podríamos decir que también no está claro allí qué reservas lo amparan o deberían ampararlo y debería ser una urgencia incorporar sectores que la incluyan en las provincias de Jujuy y Salta.
Baritú y Calilegua, igual que El Nogalar, son Parques Nacionales yungueños que no lo incluyen, igual que Campos de los Alisos y el sector chaqueño que está en El Rey no está demasiado claro que sea típico del Chaco Serrano sino un probable contacto directo del Chaco Seco con las Yungas pero no debe descartarse que la intervención humana haya desdibujado la situación original. Seguramente sierras más australes de Salta como la de Metán, Lumbreras y Candelaria, tengan buenas muestras de este tipo de bosque en Salta, igual que la de Medina y Burruyacu en Tucumán.
En Santiago del Estero se impone la protección de la Sierra de Guasayán que está declarada reserva simbólicamente y del Cerro El Remate. En Catamarca habría que buscar sectores de Chaco Serrano en las Sierras de Ambato y Ancasti y proteger la Quebrada de las Cébilas.
En La Rioja se impone una reserva o varias en la ladera oriental de la Sierra del Velasco, especialmente en la Finca El Cantadero con sus bosques de arca o visco y debe recordarse que por ahora la teórica Reserva Provincial Los Cabrera creada para proteger la taruca, no garantiza su objetivo original ni la protección del Chaco Serrano ya que abarca pastizales de altura y tiene fallas de diseño y falta de implementación. En las sierras que afloran como islas en los llanos riojanos, hay buenos orco-quebrachales que urge proteger.
En San Juan, el Parque Provincial Valle Fértil que en teoría alberga la ladera oriental de esa sierra tan rica en biodiversidad, nunca fue debidamente implementada y ha sido injustamente opacada por el Parque Provincial Ischigualasto, rico en paleontología pero mucho mas pobre en biodiversidad actual.
En San Luis poco y nada, a no ser pequeñísimas reservas como La Florida, Bajo de Véliz provinciales y el Salto El Tabaquillo, privado, amparan algunas muestras de este ambiente. Los Parques Provinciales Presidente Perón y Papagayos no dejaron de ser buenas intenciones e incluían principalmente palmares densos de la carandilla común que es un elemento más bien del Espinal. El proyecto de hacer un corredor de las Sierras de Comechingones que abarque toda la ladera occidental de esa sierra, nunca se concretó pero es muy interesante, igual que la protección de la Quebrada de las Higueras y la ladera norte de las Sierras de San Luis.
Finalmente Córdoba es la que más hizo aunque la mayoría de las reservas son de pequeña superficie y están desconectadas entre sí. El Parque Provincial Cerro Colorado protege los únicos montes de mato, una mirtácea que reaparece en las Yungas y en la Selva de Montiel, de la provincia. Igual que crecientes poblaciones de la Charata, una interesante pava de monte. También debemos sumar la Reserva Provincial Chancaní aunque el sector de Chaco Serrano de la misma es más que insuficiente y la recientemente creada Reserva Provincial Paso Viejo que carece de implementación efectiva. Otra reserva que incluye este ambiente es La Quebrada en Río Ceballos y es materia de discusión cómo la Reserva Hídrica Provincial Pampa de Achala y su núcleo el Parque Nacional Quebrada del Condorito, contribuyen para amparar esta formación ya que solo ingresa marginalmente o con algunas comunidades como los “romerillales”.
A nuestro juicio urge la protección de los grandes manchones de horco-quebracho que milagrosamente aún subsisten a pesar del hacha y los fuegos recurrentes como los del cerro Uritorco (tristemente más famoso para avistar OVNIs y prácticas esotéricas que por su riqueza biológica que lo tendría que convertir en una meca de las áreas protegidas locales) o los de la Quebrada del Río Pinto o Cuchi-Corral. No debemos olvidar la Cueva de los Pájaros en Tanti que alberga una colonia del Vencejo de Collar y la Quebrada del Río Yuspe con una población relictual del lobito de río y que pueden protegerse abarcando sectores vecinos de Chaco Serrano.
Dejamos para el final una buena noticia que fue la reciente creación por convenio entre el Ministerio de Defensa y la Administración de Parques Nacionales de la Reserva Natural Militar “La Calera”, ubicada en un lugar estratégico y que contiene muestras de este ambiente.
Sometido a fuegos constantes y más allá de que en su origen la flora podía resistir ese pulso natural, pero no ya con la continuidad con que se produce en la actualidad, poniendo en peligro vidas humanas, viviendas, centros turísticos, creemos que llegó la hora de colocar al Chaco Serrano como una de las metas conservacionistas nacionales para revertir esta situación. Los esfuerzos pioneros como el de Ricardo Luti, el gran botánico, ecólogo y conservacionista cordobés, nos obligan a ser coherentes con su memoria y buenos alumnos que supimos comprender su prédica.” (tomado de Chebez y Gaspari, 2011).

RESERVA PRIVADA “EL ALGARROBAL DEL TATA”

ELALGARROBAL-RESERVA

Se ubica en la zona Rural de Carpintería. 1500 mts hacia el OE de la Ruta Prov N° 1. Consta de
30 Hectáreas de bosque nativo en buen estado de conservación.Su objetivo es el desarrollo de acciones Múltiples tendientes la Conservación, Recuperación y Aprovechamiento sostenible del bosque.

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Vibora de coral- Iguana colorada- Habitantes de la Reserva

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Chinche molle y “Coyuyo”,  frecuentes de encontrar en verano.

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Zorzal Chiguanco y “Marmosita”, tambien habitantes de la Reserva

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Sacha cabra comiendo en un cultivo de maíz cercanas a la casa.

FLORA (especies mas comunes)

Algarrobo negro, Chañar, Tala, Quebracho blanco, Jarillas, Sombra de toro, Moradillos, Espinillos negros, Espinillo común, Piquillín, y gran variedad de especies arbustivas, herbáceas y enredaderas.

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ACTIVIDADES

Ganadería transhumante
Recolección de algarroba para café
Apicultura
Mantenimiento de picadas contra incendios
Mantenimiento de senderos
Control de invasoras

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Observacion de aves por integrantes del COA (Club de Observadores de Aves)

PROYECTOS A FUTURO
*Construcción de dos viviendas de adobe bioclimáticas, con energías renovables, para alquiler y cuidado de zona Oeste que esta contra la calle, desde donde suelen meterse personas para sacar leña, cazar, y por donde muchas veces llegaron los incendios. Las viviendas tendrán un espacio de uso de media hectárea cada una para que puedan tener una pequeña granja y un huerto.
Venta de plantas nativas en el vivero
Visitas de naturistas por los senderos, para observación de flora y fauna.
Visitas guiadas pagas para turistas en el vivero de nativas
Las instalaciones sanitarias, espacio para visitas guiadas, vivero de nativas, jaulones de cría de fauna para su reintroducción, se construirán en el predio lindero perteneciente a los propietarios de la reserva.

FORMAR PARTE DE LA RED NACIONAL DE RESERVAS PRIVADAS

RED-NODOCUYO

Bibliografia utilizada

*Chébez, J.C.;. Guía de las Reservas Naturales de la Argentina. Volumen 4, Noroeste. pp 256 Editor: Editorial Albatros, 2005. ISBN: 9502410599.

*Chebez J.C., Gaspari, B. 2011 Ecorregiones de la Argentina VII: el Chaco Serrano-Los que se van. http://www.losquesevan.com/ecorregiones-de-la-argentina-vii-el-chaco-serrano.739c
*F.I.C.E.S. – U.N.S.L. 2002-DIAGNÓSTICO Y PROPUESTAS DE GESTIÓN AMBIENTAL DEL MUNICIPIO DE MERLO PROVINCIA DE SAN LUIS, Trabajo de la Carrera de Maestría y Especialización en Gestión Ambiental.

*Observatorio de biodiversidad. http://obio.ambiente.gob.ar/chaco-seco_p182
*Torrella, S. y J. Adámoli. SITUACIÓN AMBIENTAL DE LA ECORREGIÓN DEL CHACO SECO. En Brown, A., U. Martinez Ortiz, M. Acerbi y J. Corcuera (Eds.), La Situación Ambiental Argentina 2005, Fundación Vida Silvestre Argentina, Buenos Aires, pp 75-82.